Don Ramón Castilla y Marquesado, nació el 30 de agosto de 1797 y muerto el 30 de mayo de 1867, es, sin lugar a dudas, uno de los peruanos que trascienden su época; tal vez, sea el más ilustre gobernante de la vida republicana. Tarapaqueño como La Fuente, Billinghurt, etc., bebió la escasez del desierto, sintió la dureza del medio, que determinó hasta cierto punto las características de su personalidad, que al decir del historiador Jorge Basadre, distingue a los hijos de esta porción de la patria irredente. La perseverancia, la lucha constante, el respeto por el trabajo productivo, la austeridad en la vida, la lealtad y su profundo amor al Perú. No en vano, se le reconoce como el "Soldado de ley", en una etapa plena del caudalismo militar pues como político, tenía como norma primera "la obligación y el cumplimiento de las leyes que cualquier otra consideración por muy sagrada que sea".
Es testimonio, la intensidad de su vida, que tuvo como obsesión y norte el construir y hacer un "Perú grande", respetado, estable, moderno, serio. Se podría decir que en los años de su gobierno, (1845 - 1851 y 1854 -1862) nuestro país superó el caudillaje militar producto de la victoria de la independencia, dotándolo de las necesarias instituciones que hicieron de nuestra patria una potencia cívico - Militar. Así, fue posible no sólo el respeto de su integridad territorial, sino también el enfrentamiento contra las agresiones coloniales de España, Francia e Inglaterra a la América Latina.
Prueba de ello es su identificación con la lucha de los patriotas mexicanos con Benito Juárez a la cabeza frente a la agresión francesa de Napoleón III, de querer implantar al príncipe Maximiliano como Emperador de México. Por esta razón, la Junta Patriótica de ese país en 1862 lo nombra como Presidente Honorario frente a la agresión europea. ¡Esta presencia continental lamentablemente la hemos perdido!
Incluso de no haber sido deportado por el gobierno de Pezet, por oponerse como Presidente del Senado al acuerdo de Vivanco-Pareja, por considerarlo un agravio al país, hubiese sido el líder natural en el combate del 2 de mayo de 1866, donde pereciera gloriosamente Don José Gálvez, uno de sus más importantes aliados en su segundo gobierno. Etapa republicana que hizo posible la superación del tributo indígena y la abolición de la esclavitud (1854), decisiones progresistas, en particular estas últimas, que se adelantaba a la realidad de los Estados Unidos de Norteamérica y del Imperio de Brasil.
A los personajes históricos se los puede abordar desde varias aristas. Desde una visión tradicional, fiel a los hechos y a las fuentes, se trata de reproducir su devenir. Sin embargo, desde otra perspectiva, cada época recrea y pregunta, se cuestiona sobre la permanencia y continuidad de los "grandes hombres" frente a la realidad social. En este sentido, cabe preguntarse acerca de la actualidad del pensamiento y obra del Mariscal Ramón Castilla.
A mi leal entender, es la vigencia del Perú, como problema y posibilidad, que sólo se puede resolver a través de un Proyecto Nacional, integrador, descentralista, democrático, alimentado por un profundo amor a la patria. En tal medida, el juicio del Dr. Jorge Basadre resulta ilustrativo: "Castilla gobernó cinco años y volvió a gobernar después por siete más. En esos años se puso el Perú de pie. Fue otro Perú distinto del Perú pobre, inerme, vencido y mutilado que heredamos".
En esta medida se comprende la defensa de la economía del Perú frente a la vocación dictatorial boliviana, y la pretendida hegemonía santacruceña en la Conferencia, que subordinaba el sur peruano a los intereses de Bolivia. De igual manera, su comprensión de los intereses expansionistas, en el largo plazo, de la clase política chilena, lo incentivó a convertir al Perú en la potencia naval de Sudamérica, con la política de "Si el vecino del sur compra un boque, el Perú debe comprar dos". El no respeto de tal previsión estratégica habría de tener lamentables consecuencias en la Guerra del Pacífico.
Y, frente al Ecuador, que se desprende tardíamente de la Gran Colombiana, y que se forma como país haciendo del odio enfermizo al Perú su gran catalizador social, la actualidad de su gobierno (1859) no puedo ser más civilizada, frente a "las más graves injurias" vertidas contra nuestra patria, transfiriendo territorios de la selva amazónica, que por derechos de la Real Cédula de 1802 nos pertenecían. Esta ilegal adjudicación de tierra a los tenedores ingleses como pago de su deuda externa, tuvo que ser combatida militarmente, "para hacernos justicia con nuestra propias armas".
Sólo desde esta entrada es posible entender la vida y obra de Don Ramón Castilla, hombre de su tiempo que supo comprender sus limitaciones, pero el pleno de las sabiduría que da la vida, de esa experiencia producto de conocer, las miserias y grandezas de los hombres, tuvo la generosidad de convocar a los mejores, aun a los políticos de la oposición, todo en razón de los altos intereses del Estado. Así, escribía: "Yo tengo la costumbre de no abusar de mi posición y de emplear a los hombres por su mérito real antes que por afecciones personales" (Carta a Pedro Cisneros 24/Oct./1848).
Por último, como hijo de tarapaqueños y miembro activo del "Instituto Libertador Ramón Castilla", rindo mi más sentido homenaje al más ilustre y honesto de los gobernantes del Perú, que sintiendo el velo de la muerte, en plano desierto de Tivilichi, a los setenta años rogaba al altísimo un tiempo adicional: "Señor un mes más de vida y haré la felicidad de mi patria". "No, algunos días más". Y, qué mejor prueba de su integridad, austeridad y honradez, que en plena vorágine del boom del guano y la riqueza fácil producto de sus ingresos, "murió pobre"
(*) Publicado en Diario La República Pág. 20 / Lima, 01 de Setiembre de 1998
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