El FUTURO ENERGÉTICO DEL PERÚ

Jorge Manco Zaconetti (Investigador UNMSM y Consultor)
 
En verdad, existe la teoría de la maldición de los recursos naturales para explicar parcialmente el subdesarrollo de los países tercermundistas, entre ellos obviamente el Perú, que desde el siglo XVI explota indiscriminadamente recursos naturales no renovables (minería, guano, salitre, cobre, oro, petróleo etc). Ayer fue la Corona española, hoy es el soberano mercado al cual tenemos que rendir culto y pleitesía, en el marco de una globalización asumida desigualmente, lo ancho para los países ricos y lo angosto para los países pobres.
 
Tener ello en cuenta como punto de partida es fundamental para plantear un modelo alternativo para alcanzar el desarrollo económico, donde la autonomía energética y la autonomía alimentaria resultan factores necesarios mas no suficientes. Se supone además que debiera existir una vocación nacional y voluntad política de los pueblos y sus clases dirigentes, con la suficiente fuerza para plantear y lograr objetivos que permitan aspirar a un estado de bienestar, con una pobreza reducida a su mínima dimensión, con tasas de crecimiento económico sostenidas y una redistribución del excedente económico obtenido para resolver las necesidades de salud y educación de calidad.
 
En la actualidad nuestro país tiene abundancia de recursos naturales desde productos mineros que explican más del 55 % de las divisas hasta importantes reservas de gas natural más de 11 billones de pies cúbicos, más de 600 millones barriles de líquidos de gas natural y aproximadamente 400 millones de barriles de petróleo.
 
Es más, sin haber tenido una activa campaña exploratoria como la de Bolivia en los noventa donde se perforaban anualmente de 25 a 30 pozos exploratorios, en nuestro país la actividad exploratoria ha sido mediocre con un promedio anual de 4 pozos en la década del noventa, esperando que se revierta dicha realidad con la debida promoción en esta primera década del nuevo milenio.
 
Así, en Camisea I Lote 88 se perforaron apenas 6 pozos en los noventa y en Camisea II Lote 56 solamente un pozo y se asume  que existe un gran potencial gasífero en los lotes colindantes tales como el 57, 58. Nuestro país podría convertirse en un centro energético de primer orden no solamente con la exportación del gas natural, sino con la exportación de electricidad generada con gas natural y especialmente de la petroquímica en la producción de úrea y fertilizantes para la agricultura de exportación que sí genera empleo.
 
Con Camisea I y sus reservas probadas existe la posibilidad real de cambiar el perverso patrón de consumo energético basado en el petróleo y derivados, que solamente en importaciones de crudo y diesel 2 más gas licuado, han significado entre el año 1990 y el 2006 más de 13 mil millones de dólares. Es decir, el equivalente a más de 5 proyectos Camiseas, lo cual resulta un absurdo económico, pues habiendo sido descubiertos los hidrocarburos en 1984 recién se inició su etapa comercial en el 2004 (agosto), es decir después de veinte años.
 
De allí, que resulta fundamental recrear un mercado interno para el gas lo más rápidamente posible, dado que es un absurdo que la operadora de Camisea I Pluspetrol reinyecte más de 300 millones de pies cúbicos diarios por la supuesta ausencia de un mercado interno para el gas natural. Esto es así, por la ausencia de una vocación nacional para el desarrollo del mercado interno del gas natural, que nos asegurará mayores ventajas competitivas para la industria, para la minería, para las familias con menores tarifas de energía y para el Estado con mayores ingresos por concepto de regalías e impuesto a la renta.
 
Debemos superar una falsa dicotomía entre la producción del gas natural para el mercado interno y el gas natural para la exportación. Hasta diciembre del 2005 fue política del Ministerio de Energía identificar las reservas de gas del Lote 88 para el mercado interno; y las reservas del Lote 56 para la exportación. Esta política fue modificada supuestamente para privilegiar los intereses exportadores que aspiran a transportar 620 millones de pies cúbicos diarios hacia Norteamérica. Así, casi al término del régimen del ex Presidente Alejandro Toledo se cambiaron las reglas de juego, señalando que parte de las reservas del Lote 88 debieran apuntalar la exportación de gas natural licuefectado.
 
Se debiera asumir que la producción para el mercado interno y para la exportación resultan interdependientes, es decir no son excluyentes. Necesitamos crear un mercado interno para atraer las inversiones de riesgo en las exploraciones de hidrocarburos. Por ello, no debiera descartarse la exportación siempre y cuando está asegurada la demanda futura en un horizonte mínimo de  20 años. Para ello debemos reestablecer los mecanismos legales que existían previamente. Debiéramos tener siempre en cuenta, el síndrome argentino que fungía de mediano exportador de gas natural, y hoy importa este hidrocarburo de Bolivia y recorta el suministro a Chile, pues privilegia su mercado interno.
 
El problema no es la exportación del gas natural a terceros países. Al fin de cuentas debiera ser un objetivo nacional y económico la monetización de las reservas de gas que yacen en el  subsuelo. Tenemos que evitar la experiencia de Camisea, cuyas reservas  han estado durmiendo más de 20 años. De haber sido una realidad a inicios de los noventa, buena parte de los 13 mil millones de dólares, divisas gastadas en importaciones de petróleo y derivados se hubiesen evitado.
 
En verdad, lo importante está en relación a las condiciones de la exportación. Es decir, cuánto de regalías y de impuesto a la renta ha de percibir el Estado. El caso boliviano es ilustrativo de cómo se ha renegociado una tarifa de 1.75 dólares por millón de BTU a más de 4 dólares, lo cual ha de significar más de 150 millones adicionales al fisco boliviano.
 
En este escenario la actividad empresarial del Estado puede y debe jugar un importante rol. Por un lado, PetroPerú la petrolera estatal, puede y debe ser un agente eficiente en la construcción del mercado interno del gas natural. Así,  puede participar en lo referente al mercado de la distribución mayorista y minorista del gas natural concentrado o vehicular (GNV), que se constituye en el negocio del futuro. Esta es una magnífica oportunidad para reconstruir sus grifos propios ofreciendo GNV y derivados del petróleo, pues por más que se masifique el gas natural se dependerá del petróleo diesel.
 
Así, también la presencia potenciada de ElectroPerú con una inversión en una termoeléctrica con más de 300 megavatios de potencia, resulta el camino correcto para desplazar vía mercado las plantas de generación eléctricas obsoletas que utilizan o queman  los derivados de petróleo. Las empresas eléctricas de generación reconocidas por el sistema nacional interconectado debieran reconvertir sus generadores para utilizar el gas natural, dado que esta sería la única manera de reducir de verdad el costo marginal de la electricidad.
 
En el mismo sentido, potenciar y modernizar a la petrolera estatal supone la integración vertical de sus actividades entre la explotación, el refinamiento, el transporte y la distribución de combustibles. Mientras ello no suceda PetroPerú, seguirá siendo una empresa “fallida”, gracias a una política privatizadora que la enajenó en la década de los noventa de sus lotes petroleros.
 
Por ello, PetroPerú debe tender a la integración de sus actividades petroleras sea asociándose con terceros en exploración de riesgo compartido como ha sido planteado por Petrobras, donde el capital de inversión es financiado por el gigante brasileño. Así, si no se encuentra hidrocarburos las pérdidas son asumidas por Petrobras. Si en cambio los resultados son positivos, se comparte el 50 % deduciéndose previamente los gastos de inversión correspondientes a PetroPerú.
 
En el pasado reciente, la integración pudo ser posible en razón del contrato vigente desde 1986 entre el Estado y la OXY. Es el caso que en el 2001 cuando Occidental transfirió el Lote 1-AB a la empresa argentina Pluspetrol. El contrato entre el Estado y OXY debía terminar en el 2007, sin embargo la ausencia de una vocación nacional de desarrollo hizo que los responsables de la política petrolera ampliaran el periodo de vigencia del contrato hasta el 2015.
 
Si se hubiese respetado la fecha terminal del contrato en el 2007, OXY o Pluspetrol que la sustituyó tendría que haber entregado al Estado, las reservas, las instalaciones, aeropuerto, oleoductos etc. Es decir, el PetroPerú  hubiese sido el operador del Lote 1-AB en nombre del Estado, y se estarían produciendo más de 30 mil barriles diarios de petróleo pesado y la modernización de la refinería tendría un mayor sentido.
 
Por ello, es saludable la integración regional energética entre las empresas estatales de los países vecinos.  Establecer compras de petróleo con contratos a largo plazo como se piensa hacer con Ecopetrol de Colombia o firmar acuerdos estratégicos de asociación con Petrobras de Brasil, resultan positivos. Pero no debiera soslayarse que una empresa petrolera   sin lotes petroleros propios, es una empresa débil, dado que PetroPerú sea por el crudo producido internamente o por el crudo importado, que refina tiene que abonar precios internacionales.
 
En resumen, es de interés nacional la modernización de PetroPerú sea para el tratamiento de petróleo pesado proveniente del Lote 67, Lote 39, Lote 1-AB, Lote 8 etc. Está bien que se amplié la capacidad de tratamiento de 62 mil barriles diarios a 90 mil barriles, y que se retire el azufre para alcanzar los 50 partes por millón en los combustibles. Mas todo ello no tiene mayor sentido, si es que PetroPerú no alcanza la integración vertical para obtener la renta petrolera, al margen de las regalías pagadas y del impuesto a la renta. Esta es por lo menos la experiencia de la industria petrolera mundial.

 

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